Las Aventuras del pequeño Epoh (Ep.2)

Los padres de Epoh no paraban de mirar el rostro de felicidad de su pequeño gran hijo. Siempre estuvo acostumbrado a una vida basada en la humildad y el respeto, de ahí a que siempre se sintiera agradecido con lo que recibía. No tardó ni un respiro en abrir la puerta del garaje de par en par con la fuerza de  casi 100 hombres. La puerta era de una madera robusta, de color oscura pero con algunas manchas de tierra de cuando jugaban a la pelota contra ella.  Nada más dejar las piezas, Epoh las clasificó por material, tamaño y comienzo de montaje. Ni siquiera esperó a que los padres le explicasen lo que tenía entre manos. No le hacía falta. Ya estaba calculando los días en los que posaría el barco sobre el agua, timón en mano y vista en el horizonte.

Horas y horas se pasaba Epoh dentro de aquel garaje. Los padres sabían de su existencia gracias a que debía de obedecer a su cuerpo cuando tenía hambre o ganas de ir al baño.

Y os estaréis preguntando… “¿Cómo es posible que un niño tan pequeño sea capaz de fabricar un barco sin ayuda alguna?” Porque al igual que tú, tiene sueños e ilusiones, y los antepone hasta el punto de centrarse ciegamente en su propósito, y no en lo que le pueda llegar a rodear. 
Mientras montaba su futura salida a lo desconocido, Epoh no paraba de pensar en la personas que se encontraría allá donde fuese: - Seguramente  las personas que encienden y apagan las luces lo hacen con la mayor alegría de todas. ¿Y los Tailandeses? Espero que lo que dicen de la isla Ko Samui sea cierto, eso de que hay muchas playas de arena blanca y cocoteros. ¿Y habrán tiburones alrededor de la isla?- No podía parar de pensar en todos aquellos lugares que había visto en el libro de geografía; siempre lo tenia en la mesilla de noche y, antes de irse a dormir, Epoh le echaba una ojeada hasta que se quedaba dormido por alguna de sus valiosas páginas. 

No os he presentado a sus padres, es verdad. A ellos no los conocéis tanto como a Epoh. El padre que le enseñó a Epoh todo lo que sabe de aeronáutica se llama Tom. Fue capitán de una flota de barcos pesqueros ubicada en el Mar del Norte con puerto y base en Skärhamm. Vivió allí desde que desde temprana edad hasta que conoció al apuesto Homte, un chico moreno y elegante que siempre iba vestido con una americana de color marrón con a rayas. La verdad que le quedaba bastante bien. Éste, queridos Mortales, sería el futuro papá de Epoh, aquel que le enseñó manualidades.
A simple vista, Homte, el cuál siempre hacía hincapié en que la H de su nombre no era muda y se pronunciaba con una jota suave, parecía una persona con alto standing monetario, ya que siempre vestía bien y siempre llevaba sus gafas y su libro bajo el brazo, pero cuando llegaba a casa y se disponía a coger los materiales necesarios para realizar su arte, era el primero que tiraba la ropa en el sofá, se ponía un delantal y dejaba que su imaginación fluyese de manera espectacular. Trabajaba en un equipo contratado por el país para levantar estatuas y obras de arte en todas las ciudades y pueblos, pero cuando conoció a Tom, fue su corazón en el que no paró de imaginar la vida sin él.  

Comentarios

Entradas populares de este blog

No quiero ser toda tu vida, solo tu parte favorita...

Cuida mucho de tu abuela...te quiero mucho

Los Cuatro Pilares Fundamentales de una Relación [1/3]

Los románticos, ¿siempre perdemos?