Muerte por felicidad

Bajo la tenue luz que proporciona el cielo a través de un atardecer perfecto, brillan tus ojos haciéndose uno con tu piel. Observas como poco a poco el sol va dejando su rastro sangriento tras de sí. Sabes que hoy ha muerto gente, sabes que hoy no ha sido especial. Sigues mirando con ansias de querer más; de que no se vaya nunca. Aun así, sabes que no habrá vuelta atrás. Él se va y tú lo tienes que asimilar
No dejas de mirarlo. Necesitas ver como desaparece hasta el final para poder entenderlo. No tienes la necesidad de quedarte ahí parada, pero tampoco necesitas moverte. El aire fresco que choca en tu rostro te obliga a soñar...a respirar lentamente. Mucha gente se pregunta por qué cuando estamos en un sitio alto o despejado y nos da el viento en la cara tendemos a cerrar los ojos y a respirar profundamente. Chicos y chicas, este fenómeno viene así porque es el momento clave en el que dejamos todo lo que nos concierne a un lado y nos centramos en nosotros incondicionalmente. Qué bien sienta la verdad. Por qué nos atraerá tanto. Por qué nos gustará tanto el ir y venir de las hojas en otoño; esas hojas que son arrastradas por el suelo como si estuviesen obligadas todos los años a hacerlo. Suelo, césped...lo que tú quieras. Es tu sueño, no el mío. 

Abres los ojos. Algo ha cambiado. Donde está la sangre en el cielo. Dónde está esa pintada de cristales de nieve o gotas de agua que se vislumbraba fugazmente en lo más alto de la más alta colina del paraíso. Qué es esto que me rodea; esta oscuridad confusa yo no la he pedido. Este frío no es el frío que me daba en la cara. Me está rodeando con sus cadenas como si de una prisión se tratase. Quien eres, que quieres de mí. Tú y yo ya lo habíamos aclarado hace mucho tiempo. Esto no tenía que volver a suceder. 
No veo. No veo hacia donde voy, ni hacia donde me llevas. Por qué me estoy moviendo. Por qué no puedo caminar. Esto no me gusta nada. Qué es este sabor...esta textura, esta sensación.  Agobio, nervios, estrés. Necesito volver, necesito vivir. Por qué me noto frágil. 
Abre los ojos. Qué ves. Qué sientes. Sigues volando, eso ya lo veo. Baja. Regresa a lo que siempre estuviste acostumbrada. Regresa a mis brazos, a los tuyos. A mis labios, a los tuyos. Regresa a tu cuerpo, y fusiónate con el mío.
Por qué. Por qué me haces esto. Yo no quería. Solo quería lo mejor para ti, para los dos. No te quise empujar. No vi las escaleras. Me enrabieté sin sentido, pero necesito que vuelvas aquí, conmigo. No lo volveré a hacer nunca más pero por favor, despierta. Despierta de una vez por todas. Cariño, por favor. No me dejes. No me dejes te lo pido.
La sangre le bajaba por la frente. Dos gotas de inocencia roja competían entre ellas por ser la ganadora en el momento de llegar a los labios; la línea de meta. Sus ojos seguían abiertos. Inertes ante semejante brutalidad. La caída, terrible. Llueve. A la carrera por su rostro se le han sumado algunas gotas de rocío. No son gotas felices, son gotas de arrepentimiento, soledad y perdición.


"No existe vida si un arrepentimiento no llega a tiempo."

Con Cariño Un Simple Mortal

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