Manhattan: Horror de oportunidad ( Ep.4)

[...] Nada más llegar a la rotonda que deja el Central Park a mi espalda y el Museo de Arte a mi izquierda, se produce, lo que parece, un accidente en cadena: una fila de coches habían chocado unos con otros a causa del primero que había parado en seco. Se escuchaban sirenas por todos lados. Seguí caminando y observé un autobús escolar que había chocado bruscamente contra un camión de mercancias. Había mucha gente alrededor horrorizada por lo que estaban viendo. Tuve que acercarme un poco más hasta poder ver el interior del vehículo y me horroricé: 12 niños gravemente heridos e inconscientes, y otros dos fallecidos. Yo no entendía cómo era posible que en un accidente de ese calibre hubiese dado tanta acción, hasta que miré un poco mejor el interior. Había un hombre;no,no, habían dos. En este momento me dí cuenta de lo que sucedía: un hombre había secuestrado aquel autobús y provocado aquellas fatalidades.

Las sirenas se acercaban aún más y el hombre, encapuchado pistola en mano, gritaba a los cuatro vientos pidiendo un vehículo, unos 500.000 dólares y una carretera libre poder escapar del lugar de los hechos atroces que habia cometido, tanto por lo niños que había sacrificado, como por el daño causado a todos los allí presentes.
Se produce una especie de forcejeo dentro del Bus y veo que una chica es golpeada contra el cristal . La pobre tenía una brecha en la cabeza a causa del golpe y sagraba de la nariz. Lástima que el sol se proyectaba en los cristales y me dejaba ver el rostro de aquella persona. "Pobre mujer, debe ser la profesora de los niños..."
Llegó la policía y no tardó más de diez minutos en aislar el vehículo de posibles daños a terceros: el despliegue iba desde la rotonda de Columbus hasta la 56 Oeste. Todas las calles comprendidas entre estas dos, estaban cortadas y totalmente vigiladas. Aparecen tres camionetas con las siglas S.W.A.T. escritas en un lateral. Todos se bajan con una coordinación perfecta y se sitúan en sus puestos. Dos camiones de bomberos y cuatros unidades medicalizadas procedentes del Puesto 3 de la estación de bomberos y del Lenox Hill se sitúan a ambos lados del vehículo secuestrado.  Todo parecía estar preaparado para que aquel desalmado no se saliese con la suya a pesar de todo lo que estaba pidiendo. -"¡Quiero el dinero, el coche y una carretera despejada para dentro de una hora o si no mataré a esta preciosa profesora y a sus niñitos de mamá!"- gritaba aquel hijo de su pobre madre. -"Caballero, no queremos hacerle daño. Queremos que todo salga bien. No queremos heridos ni que haga más locuras."- le dice el ingenuo del negociador. La verdad, llego a ser yo el negociador y me ahorro lo de "ni que haga más locuras", pero bueno, son ellos los que deciden qué es lo mejor para nosotros.
-"¿Qué es lo que me acaba de decir?"- lo que yo decia. "Usted se cree muy listo,¿no? ¿Cree que puede presentarse aqui con su trajecito de tres al cuarto y ponerse a echar el discursito que le enseñaron en las prácticas de su patética facultad? Ah, no disculpe, que para ser poli no hace falta ir a la Universidad."
El secuestrador estaba poniendo a parir al negociador, pero éste no se mostraba ofendido ante aquellos intentos de dejarle en evidencia.

Suena mi móvil: "Richard? Richard! ¡Dime que estás cerca de lo que está sucediendo en la calle de al lado por Dios!" -"¡Hola Jefe! Sí, de hecho estoy delante del autobús y lamentandolo mucho, lo veo todo: desde el secuestrador agarrando del pelo a esa pobre muchacha, hasta los SWAT apostados por toda la calle." -"Pues necesito que saques toda la información que puedas, videos, declaraciones, comentarios...¡TODO LO QUE SE TE OCURRA! Eres el único que tenemos dentro del perímetro y la policía no deja entrar a los periodistas porque dicen que se trata de algo muy peligroso, algo que puede llegar a perjudicar a la sociedad por no se qué de niños y sangre. Hablan hasta de terrorismo. Hazme ese favor y hablaremos de tu puesto cuando pase todo esto."
Esta es mi oportunidad.Quizá este desastre pueda darme el paso hacia adelante en el trabajo.
Me pongo en marcha, saco la cámara del maletín y comienzo a filmar con todo detalle aquella espeluznante estampa. Le pregunté a la policía sobre el secuestrador y el dispositivo que tenían montado para, en el caso necesario, reducirle, sobre los rehenes, y sobre los niños que estaban gravemente heridos a causa de los múltiples disparos que había ejecutado aquel hombre. Por fin, mi última toma fue hacia la chica inconsciente que estaba apoyada contra el cristal; apreté el zoom..un poco más...un poco más...se presenta una nube que cubre el sol y consigo verle la cara. No me lo podía creer...




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