Manhattan: Carpe Diem (Ep. 2)

No paraba de dar vueltas en la cama. Estaba tan nervioso que había pasado de tener la cama mas fresquita del mundo, a tener un infierno en el que dormir. La verdad que la chica es bastante guapa. Charlie...que nombre más bonito...es como...tranquilizador. Cada vez que lo pronuncio, me vienen pensamientos puros e imágenes preciosas. ¡Uff! Creo que estoy desvariando un poco. Será por esto de no poder dormir.¡Dios, pero que calor!
Me levanté medio desnudo de la cama, ya que duermo en calzoncillos. Abrí una de las ventanas de mi habitación y me miré en el espejo. La verdad que no me podía quejar de cómo vivía: tenía un bonito piso no muy grande con vistas a Central Park, un trabajo en el que me pagaban bien, como para permitirme alguna "cenita" rica fuera de casa, un cuerpo que cuidaba a base de ejercicio y dietas, y a Hari. Hari era mi perro: Un Westy, blanco como las paredes de mi casa, y obediente pero muy juguetón hasta el punto de no encontrar mis zapatillas de andar por casa. El muy gracioso se dedica a esconderlas y ¡a ver luego quien las encuentra! Aún así, le quiero muchísimo. Ha sido el amigo que no he podido tener en los momentos más difíciles...

Son las 3:20h. de la mañana. Apostado delante del ventanal, sentía como entraba un "airecillo" bastante agradable por la ventana. Su función era enfriar la cama para poder dormir más cómodamente. Miraba las luces de los edificios gigantescos que rodeaban aquel parque y las que marcaban el camino dentro de él. La verdad que no me podía sentir mejor.
Hari, que dormía en la habitación conmigo, también estaba despierto. Caminé hasta la cocina y le eché unas "galletitas" de esas que dice la gente que saben a pollo en su plato de comida junto con un cuenco de agua fresquita. Mientras miraba como el perro se alimentaba, comencé a pensar en lo que había sucedido hace escasas horas en la calle con aquella chica. La verdad que la chica era muy guapa. Aparte, es profesora de infantil, así que mucha paciencia debe de tener. Se la veía segura a la vez que tímida, pero claro, era normal con lo que estaba sucediendo en aquel momento. Lo que no quiero es que se lleve una mala imagen de mí; no querría fallar en nada. Pero,¿qué es lo que me pasa? Una cosa es que esté nervioso por querer quedar con ella esta tarde y otra cosa es planificar mi vida a su lado. ¡Si no la conozco de nada! Y no creo que se fije en alg..."¡Wau!" Hari había ladrado. Sabía que estaba dándole vueltas a algo que era imposible de solucionar en aquel momento. Tenía que dejar que el tiempo pasase, no adelantarme a él. 

Volví a mi cuarto, me miré ante el espejo y aparté mi brazo derecho dejando entrever una frase tatuada a la altura de las costillas: "Dum loquimur fugerit invida aetas, carpe diem, quam minimum credula postero" Significa: "Mientras estamos hablando, el tiempo, envidioso, se nos escapa: aprovecha el día de hoy, y no pongas de ninguna manera tu fe ni tu esperanza en el día de mañana." Hari tenía razón; tenía que dejar de pensar en el mañana y quedarme con lo bueno del día de hoy..o bueno, de ayer. 
Cerré la ventana, y con ésta la persiana, llamé al pequeñajo para que se viniese a dormir, y me dejé llevar por aquella fusión entre comodidad y fresco. 

La verdad que no me podía sentir mejor.

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