La Daga, la Sangre y el Olvido.



Como si de un enemigo se tratase, vienes corriendo hacia mí con una expresión cruel y rencorosa; daga en mano y sin pensarlo dos veces, con una sangre fría digna de héroes, sentí cómo cada milímetro de esa envenenada hojilla abría un lado de mi pecho de par en par atravesándolo a cámara lenta. Bajando mi mirada hacia tus manos que agarraban firmemente la daga, escapa de entre mis labios un fluido caliente con sabor metálico, que bajaba por tus nudillos. En ese momento, decae tu mirada y sientes cómo tus nudillos se impregnan de un color tintado de sufrimiento…tu crueldad y rencor disminuye...
Noto aún la fuerza con la que presionas el metal contra mis costillas. Presionas aún más y voy notando como penetra entre mis huesos, pero algo te ha extrañado…has sacado la daga… siento como me libero de una fuerza inhumana y desconocida para muchos. Levanto la cabeza, abro los ojos, te miro, me miras, pero algo va mal; te has parado a mirarla…pasas la lengua por ella y siento como mi sangre tiñe tu saliva
Acercas la daga a tu muñeca y clavas la punta de ésta a escasos centímetros de tu mano. Comienzas a subir poco a poco y observo cómo te la vas clavando aún más. Como de un acto reflejo se tratase, puse mi mano en tu brazo para que el corte no se abriese y así impedir el derroche de una sangre tan valiosa como esa. Sacaste el arma blanca de tu ser y me la ofreciste por el mango…entonces lo entendí todo. Pasé mi lengua por la daga y noté cómo sentías mi saliva fusionándose con tu sangre.
Dejé de agarrarte y comenzaron a deslizarse gota a gota lamentos de agonía hasta perpetuar una similitud entre tiempo y realidad... Levanto la cabeza, levantas la cabeza…te miro, me miras…sonríes y dejas caer una lágrima de esos ojos desconocidos para todos aquellos que no han probado aun la inmortalidad…sonrío y recojo esa gota con un beso en tu mejilla. Llevaste tu brazo mal herido hasta el corte de mi pecho y se produjo lo que todos pensábamos que iba a suceder…

Con Cariño Un Simple Mortal

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