Cuento de hadas-Capitulo 2

Cinco centímetros.Cinco centímetros de espina eran los que tenía Teble dentro de su antebrazo.La operación "extracción de astilla" habia sido un éxito. Ahora solo faltaba la cura.Karéal guardaba en su bolsillo del pantalón un pañuelo blanco que utilizó para vendarle la herida a Teble, herida de la que seguía brotando sangre.
-Teble, ¿estas bien?- Estaba mareado y un poco desorientado por toda la sangre que habia perdido, que era poca, pero nunca había tenido una herida como esa y estaba asustado.
-Tranquilo Teble.Voy a buscar ayuda.No te muevas de aqui.
-"¿Adonde quiere que vaya esta chica?¿no ve que no me puedo mover?"- pensó él.
Karéal fue corriendo a la plaza y tocó en la primera perta de la primera casa ue vió.
-Por favor señor, necesito ayuda. Mi amigo está en el riachuelo y no se puede mover.¿Puede ayudarme?
-Si claro que si-dijo el señor.
Cuando llegaron a donde estaba Teble, éste se habia desmayado.
-¡Teble!-dijo el hombre-¡¿Teble hijo, que te ha pasado?!
Resultó que el hombre que estaba arrodillado junto al Teble, era su padre. En ese momento, Karéal se sintió culpable de la situación.
-Señor, estabamos hablando junto al riachuelo y Teble se cayó hacia atrás clavandose una astilla en el antebrazo. Lo que no sé es por qué se ha desmayado...Se puso a tiritar y lo notaba un poco mareado...
-Pues claro que estaba tiritando...mirale la herida.
Tenía la herida abierta...muy abierta. Por lo visto, la espina provenía de una planta venenosa llamada Tera Diabolo que se cultivava en aquel riachuelo. No era una planta muy cultivada la verdad...solo se encontraban unas pocas y su veneno era mortal. Por supuesto tenía cura pero era complicada conseguirla.ç
El padre de Teble se lo llevó a casa sin decirle nada a Karéal, simplemente se fue muy preocupado por su hijo. Teble tenía la piel de la herida de un color un tanto extraño...era una mezcla entre lila y negro. Sus labios también eran de color lila y se le notaban los vasos sanguíneos.
Karéal los siguió hasta la casa de estos hasta que el padre abrió la puerta de la entrada de una patada y llamó a su mujer a gritos. El padre no dejó entrar a Karéal. No quería tener ninguna distracción y quería concentrarse completamente en su hijo. La mirada que le dirigió el padre a Karéal fue una mirada tranquilizadora pero a la vez de enfado; no por nada sino porque no podía poner otra cara en ese momento. No había sido una nochebuena de navidad muy feliz para nadie.

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